sábado, 15 de agosto de 2009

EL IMPERIO ROMANO: LA PIRÁMIDE DE LA OPRESIÓN


La tierra de Israel fue blanco de disputas entre los imperios de Oriente y de Occidente, por ser un corredor de paso entre los dos mundos. Pompeyo, general del ejército romano, concretó las ambiciones del emperador de entonces, Julio César: integrando a su dominio Jerusalén y Judea.

Ejército: la fuerza bruta del imperio

Cuando Judas Macabeo se alió con los romanos, alrededor del año 160 a.C., Roma aún no era un imperio. Estaba creciendo en importancia y volviéndose una nación cada vez más poderosa. Poco a poco los romanos fueron conquistando territorios que trasformaban en provincias. Su gran fuerza conquistadora era el ejército, numéricamente grande, estratégicamente bien organizado en legiones, fuertemente disciplinado e ideológicamente compacto. Como ya vimos, desde el año 148 a.C. los romanos fueron extendiendo su dominio sobre las regiones en torno del Mar Mediterráneo y en Europa. Con Pompeyo, por el año 67 a.C., el interés de Roma se volcó hacia el Oriente. Con la conquista de Siria, transformada en provincia romana, el imperio romano construyó el puente que le faltaba para extender el imperio hasta la antigua Mesopotamia, en los confines con el río Tigris. Esta política de expansión continuó con Julio César y con sus sucesores.

Tributos: la forma clásica de la sumisión

La forma clásica de sometimiento de los pueblos conquistados era el pago de tributos. Roma crecía y se enriquecía con los tributos de las naciones dominadas. Los productos del campo y de la industria manufacturera eran comercializados bajo el control romano, y los dividendos eran destinados al pago de los tributos. Éstos eran aceptados únicamente en moneda romana. Así el imperio garantizaba la supremacía de su moneda, amparada por el sistema de cobranza de los impuestos. Para evitar fugas y contestaciones al sistema, Roma contaba con su ejército. Con la fuerza de las armas imponía su política económica a los pueblos conquistados.

Administración del Estado: el poder, del más fuerte

Para administrar todo aquel vasto territorio, los romanos crearon una estructura compleja y eficiente. El poder era claramente jerárquico, con una rígida estructura piramidal. Todo el poder emanaba directamente de la divinidad del emperador, comandante supremo del Imperio y del ejército. Era algo común que el general más hábil llegara a ser emperador, después de la muerte de su antecesor. Esto, cuando la lucha por el poder no llegaba al asesinato del emperador por parte de alguno de sus generales. El Senado, con sede en Roma, era el órgano consultivo y deliberativo, sacerdotes del Templo del emperador, y estaba constituido por los consejeros de la corte, que conformaban una intricada lista de cargos y títulos, cada uno de los cuales implicaba una determinada jurisdicción y competencia, con su respectivo grado de poder y prestigio: gobernadores de provincias, etnarcas, tetrarcas, cónsules, procónsules, legados, procuradores, prefectos.

La pirámide social

La estructura piramidal del poder se reproducía en la estructura social y económica. En la cumbre de la pirámide social romana estaban los nobles: la corte imperial, los altos funcionarios del Estado como los senadores, y los generales del ejército. Ésta era también la clase rica del imperio. En el medio estaban los hombres libres, que eran considerados ciudadanos romanos. .Esta ciudadanía se adquiría, en primer lugar, por nacimiento de padre romano; en segundo lugar, por compra de este derecho; y, en tercer lugar, por concesión del emperador a algunas ciudades. Ésta era la clase media del Imperio.

En la base de la pirámide estaban los esclavos, todos los que no tenían el derecho de ser considerados ciudadanos romanos. Entre estos últimos estaban los pueblos conquistados, incluso Israel. Ellos no participaban de la política y no tenían acceso a la propiedad y a la libertad de movimiento. Su función en la sociedad era la de producir. Constituían la clase pobre y excluida del imperio. Su fuerza de trabajo alimentaba toda la estructura imperial. Algunos esclavos conseguían la libertad y pasaban a formar parte de la clase de los libertos, pero no eran considerados ciudadanos romanos.

La religión: los "divinos" emperadores

El imperio romano era politeísta. Por lo general, dejaba que cada cual adorase y rindiese culto a los dioses que quisiese. Pero, ideológicamente, obligaba a los pueblos conquistados a rendir culto también a los dioses romanos. A partir de Octaviano, que se proclamó Augusto (31 a.C. -14 d.C.), también los emperadores romanos comenzaron a considerarse "divinos", es decir, semidioses, mereciendo por eso un culto a su imagen. En el caso de Israel, debido a su celo extremo por la religión monoteísta y a la absoluta prohibición de imágenes como objeto de culto, los romanos fueron más blandos en la exigencia del culto al emperador. Impusieron, sin embargo, el ofrecimiento diario de un sacrificio por el emperador en el Templo de Jerusalén, en sustitución del culto a él. Los judíos tuvieron de los romanos también otras concesiones: estaban dispensados del servicio militar obligatorio en las legiones, y tenían su propio tribunal, el Sanedrín, para juzgar los casos concernientes a los judíos. Pero el Sanedrín tenía un poder limitado: el juzgamiento de algunos delitos estaba reservado a los romanos, especialmente los que se castigaban con la pena de muerte.

Recorriendo el período romano (1 a etapa: fin del Antiguo Testamento) 63-37 a.C.

Pompeyo (66-48 a.C.)

En el verano del año 63 a.C., el general y cónsul romano Pompeyo conquistó la ciudad de Jerusalén. Así puso fin a la disputa suscitada por el poder en Judea, y que venía desde los tiempos de Juan Hircano (34- 04 a, C.). Jerusalén se había vuelto un puente estratégico de suma importancia en el Oriente Medio para quien desease controlar no sólo la región, sino también las vías de comunicación entre el Occidente y el Oriente, y entre Europa y África. Para la geografía de la época, esto significaba controlar el norte y el sur, el este y el oeste. Los romanos sabían que los judíos eran muy celosos defensores de las tradiciones culturales y religiosas de su tierra. También sabían que los judíos estaban esparcidos por todas las regiones ya conquistadas, donde mantenían fuertemente el ideal de la unidad en torno a la Ley o Torá. Fue justamente a causa de la defensa de su religión que los Macabeos habían pedido ayuda a Roma contra la tiranía de los Seléucidas, extremadamente intolerantes en cuanto a la religión judía. Esta característica de los judíos los hacía una nación peculiar, comparada con las otras naciones conquistadas. Una oposición abierta respecto de los judíos podía echar a perder los planes romanos para controlar la región. Por eso, Pompeyo no transformó inmediatamente a Judea en una provincia romana, como había sucedido con los otros pueblos conquistados. La estrategia de dominación tuvo que ser diferente para el caso judío. El control romano se dio por medio de los nombramientos para los cargos importantes en Judea, especialmente para el cargo de sumo sacerdote.

El poder en Judea: la religión subyugada

Cuando Pompeyo llegó a Jerusalén, encontró una situación bastante complicada en lo que atañe al ejercicio del poder. Quien mandaba en Judea era Aristóbulo II (67-63 a.C.). Pero su poder no gozaba de legitimidad, porque había usurpado el trono de su hermano, Hircano. La disputa por el poder judío comenzó en el año 67, con la muerte de la reina madre, Alejandra (76-67 a.C.). Hircano II, hijo de Alejandra, había sido nombrado por ella sumo sacerdote. Cuando ella murió, Hircano II le sucedió como rey, dejando el cargo de sumo sacerdote. Pero su hermano Aristóbulo lo destituyó y se autoproclamó rey y sumo sacerdote.

En el año 65 a.C., Hircano II se alió con Aretas III, rey de Nabatea, y sitió Jerusalén, tratando de retomar el poder usurpado por su hermano. Pero la llegada de Pompeyo a la región hizo que se retirara. Esto dio a Aristóbulo la oportunidad de vencerlos después, confirmando su poder en el trono de Judea. En este contexto, Pompeyo necesitó actuar políticamente. Para garantizar la política de "alineamiento" con los intereses de Roma, el general romano nombró como sumo sacerdote y gobernador a Hircano II, hijo de Alejandra. La medida miraba a garantizar que la religión judía, por la cual los judíos se mostraban recelosos, pudiese estar "bajo control", además de satisfacer al pueblo que no veía con buenos ojos el gobierno de Aristóbulo, considerado ilegítimo. Pompeyo puso fin al reinado de Aristóbulo II y lo llevó a Roma, juntamente con su hijo Antígono. Pero Hircano II no fue repuesto como rey en Jerusalén. Sólo volvió a ocupar un cargo importante, pero con un poder limitado. Durante el período que ejerció este cargo, del año 63 al 40 a.C., quien administraba de hecho la Judea era su ministro, el idumeo Antípatro. En este período, los últimos asmoneos (sucesores de los Macabeos) intentaron rebelarse y tomar el poder en Jerusalén, pero fueron derrotados.

Parece que Israel estuvo de alguna forma bajo la jurisdicción de Siria, ya transformada en provincia romana. Es lo que indica el hecho de que, durante el gobierno de Gabinio en Siria (57-55 a.C.), éste quiso dividir el territorio de Israel en cinco distritos administrativos, cada uno de ellos administrado por un Sanedrín local. Sin embargo, tal tentativa duró poco, pues el fuerte sentimiento de unidad del pueblo judío la volvió pronto irrealizable.

Julio César (48-44 a.C.)

En el año 48 a.C., Pompeyo fue derrotado por Julio César en Farsalia, Grecia, y luego asesinado en Egipto. Julio César mantuvo la política de no someter directamente los judíos al dominio romano, sino de controlar los cargos públicos de Judea, nombrando a aquellas personas de las cuales pudiese obtener apoyo, confirmando a Hircano II en el cargo de etnarca, es decir, de gobernador de Judea, y a Antípatro como su administrador. En consideración de la ayuda recibida de los judíos, Julio César les cedió el control de la ciudad de Jaffa y de las ciudades de la llanura de Esdrelón. A partir de allí, Antípatro se transformó en un verdadero procurador romano en Judea. Nombró a su hijo mayor, Fasael, como gobernador de Jerusalén, y al hijo menor, Herodes, como estratega de Galilea, es decir, como una especie de general superior. Esto significaba que Herodes tenía una milicia romana bajo sus órdenes. Su primera acción fue sofocar la rebelión de Ezequías, entre los años 47 y 41 a.C. En el año 44 Julio César fue asesinado en Roma, y Marco Antonio subió al trono en su lugar.

Marco Antonio (41-30 a.C.)

Marco Antonio era miembro del triunvirato. Así, después de asumir el gobierno del Oriente, nombró a Herodes gobernador de Galilea y de Perea, aumentando aún más su poder. En el año 40 a.C. los partos, venidos de Persia, invadieron Siria y Judea, y tomaron Jerusalén, dominando la región hasta el año 38 a.C., cuando fueron expulsados por los romanos. Cuando los partos estaban en el poder, nombraron como rey de Judea y sumo sacerdote a Antígono, hijo de Aristóbulo. Entonces, Herodes huyó a Roma. Hircano II fue depuesto y mutilado (para que no pudiera ser sumo sacerdote). A fines de ese año, el Senado romano nombró a Herodes rey de Judea, pero éste pudo ejercer como tal sólo después de vencer a Antígono y tomar Jerusalén con la ayuda de Sosia, gobernador romano de Siria, en el año 37 a.C.

El reinado de Herodes el Grande (37-4 a.C.)

Herodes era hijo de Antípatro, idumeo. Su madre era nabatea. Por tanto, él tenía una lejana descendencia abrahámica, por intermedio de Esaú, llamado también Edom, hermano de Jacob (Gn 25, 30; Dt 23, 8). Nació en Ascalón, que en aquella época era una ciudad griega, a orillas del Mediterráneo. En su formación, por tanto, asimiló la cultura griega. Además, la población de Idumea ya había sido obligada por Hircano a convertirse al judaísmo, aceptando la circuncisión y la anexión a la nación judía. Estas informaciones son importantes para legitimar la autoridad de Herodes delante del pueblo, y llegan a transformarse en una ideología para justificar su poder.

Después de la caída del reino de Judea, en la época del dominio persa, esta región se hizo conocida como 1ª provincia de Transéufrates y, más tarde, como Judea. Para simplificar y al mismo tiempo identificar mejor la tierra del pueblo de la Biblia, la vamos a llamar siempre con el nombre de "tierra de Israel", teniendo presente que, a lo largo de su historia, tuvo nombres diferentes, abarcando diferentes extensiones geográficas. El nombre de "Palestina" le fue dado por los romanos a toda la región a partir del año 132-135 d.C., y no sólo a la faja del litoral ocupada por los filisteos, cuya tierra era ya conocida con este nombre desde el año 1200 a.C. Herodes subió al trono de Jerusalén en el año 37 a.C. y reinó hasta el año 4 d.C. Se casó cinco veces: con Doris, griega, quien le dio el hijo Antípatro III; con Mariamne I judía, nieta de Hircano II, de la que nacieron Aristóbulo y Alejandro; con Mariamne II, judía, hija del sumo sacerdote Simeón, de la que nació Filipo I, llamado también Herodes; con Maltaké, samaritana, de la que nacieron Arquelao y Herodes Antipas; y, finalmente, con Cleopatra VIII, egipcia, de la que nació Filipo II.

En el año 23 a.C. la autoridad de Herodes se extendió sobre la Traconítida o Traconitis, la Batanea y la Avaranítida, y, en el año 20, sobre la Parea. Estas regiones se encontraban en la parte oriental, al este y noreste del Jordán, en la antigua Transjordania, en dirección a Siria.

Herodes, el represor

En el año 31 a.C. Octaviano se hizo cónsul absoluto de Roma, después de haber derrotado a Marco Antonio en la batalla naval de Accio. A partir del año 27 comenzó a llamarse Augusto, asumiendo el título de emperador. Durante su reinado instauró la política de la "Pax romana", según la cual eran eliminados sistemáticamente todos los adversarios del imperio. El objetivo de la política de Augusto era el de aniquilar cada foco de rebelión o perturbación del orden, para garantizar "la paz", es decir, la perpetuación del sistema. Consideró a Herodes como a un "rey aliado", ciertamente a causa de su rígida conducta que correspondía a la política del emperador.

El gobierno de Herodes fue extremadamente represor, dentro de la más perfecta sintonía con la "pax romana" de Augusto. Herodes era, en cierta forma, el "brazo de Augusto" en Judea. En el año 30, Herodes ejecutó a Hircano II, quien gobernara Judea antes de ser depuesto y mutilado por los partos (40 a.C.). En el año 29 ejecutó a su propia mujer, Mariamne I. En los años 9-8 a.C., quiso capturar a un grupo de rebeldes de la Traconítida que había sido acogido por el ministro Sileo, de la Nabatea. Entró en territorio nabateo, causando la rebelión de Sileo, quien se quejó ante Augusto, del cual recibió apoyo. Esto causó grandes estragos en las relaciones de Herodes con Roma, al menos durante algún tiempo. Tal vez para revertir esta situación y mostrar que estaba alineado con la política de Augusto, en el año 7 a.C. Herodes mandó estrangular a Aristóbulo y Alejandro, los dos hijos que había tenido con Mariamne I. Esta crueldad sólo se explica con la ambición por el poder y combina con el perfil de Herodes trazado en el evangelio de Mateo (Mt 2, 1-9).

Herodes, el constructor

Herodes emprendió muchas construcciones en la tierra de Israel tal vez por eso recibió el título de "el Grande", a pesar de haber sido muy cruel. Sus obras más importantes fueron las siguientes: en el año 30 construyó la Fortaleza Antonia, y, en el año 23, el Palacio de la ciudadela alta, donde residía, ambas construcciones en Jerusalén; construyó también, en la capital, tres torres vigía, llamadas por él mismo con los nombres de Mariamne, Fasael e Ipica; en el año 23, incluso, fundó la ciudad de Cesarea, en el litoral marítimo, en homenaje al César, y allí construyó un puerto artificial, pues la costa mediterránea de Israel no tenía puertos naturales; reconstruyó igualmente las ciudades de Antipátrida, en la planicie de Sarón (Hch 23, 31), Fasaélida (o Fasaelis), en el valle del Jordán, y la antigua ciudad de Samaría, que rebautizó con el nombre de Sebaste, que es el correspondiente griego del nombre de Augusto, también en homenaje al emperador. Allí Herodes construyó un templo dedicado al emperador, quien se había declarado "divino".

Las construcciones de Herodes continuaron. Mandó construir en Jericó, junto a un torrente, camino a Jerusalén, un conjunto residencial de tres palacios: uno, de estilo griego, era para la administración y los servicios; otro, de estilo asmoneo, tenía salas de recepción, piscinas y jardines; el tercero, de estilo romano, servía de residencia, con jardines, patios, balcones, salas de recepción, termas, y una gran piscina de 90 x 42 metros para juegos náuticos. Construyó también la ciudadela-fortaleza de Masada -en lo alto de un monte de difícil acceso, próximo al Mar Muerto- y el palacio-fortaleza de Herodion (o Herodium), situado en las inmediaciones de Belén, entre Jerusalén y el Mar Muerto.

La obra más importante de Herodes fue la construcción del Templo de Jerusalén, que había sido saqueado por M. Licinio Craso en el año 54, y que probablemente, en esa misma ocasión, resultó en parte destruido. Herodes inició esta reconstrucción cerca del año 20 ó 19 a.C. Según Jn 2, 20 las obras habrían durado 46 años, lo que sitúa su conclusión por el año 26 ó 27 d.C. ¿Es suficiente esto para imaginar el costo de tantas construcciones? ¡Todo esto exigía del pueblo el pago de impuestos muy elevados!

La fecha del nacimiento de Jesús

Existen diversos indicios históricos de que, en los últimos años del reinado de Herodes el Grande, hubo un censo ordenado por el Imperio romano. El texto de Lev 2, 1-2 hace referencia a un empadronamiento hecho "siendo gobernador de Siria Cirino". Los datos históricos respecto de Cirino lo sitúan entre los años 12 y 6 a.C., aunque Flavio Josefo lo sitúa en el año 6 d. C. Puede haber sido como una reacción a este empadronamiento que más de 6.000 fariseos se negaron a prestar juramento a Augusto, en el año 7 ó 6 a. C. Otra hipótesis es la de que haya habido más de un censo en fechas muy próximas, tal vez complementándose el uno con el otro.

Según la información de Mt 2, 16.19 Herodes murió al menos dos años después del nacimiento de Jesús. Ya que su muerte se dio en el año 4 a.C., se debe concluir que el nacimiento de Jesús sólo puede haberse dado, de hecho, antes de esta fecha, o sea, entre los años 7 y 6 antes de nuestra era.

La reacción popular a la política herodiana

Los 33 años del reinado de Herodes fueron marcados por una total sumisión a los dictámenes de Roma, siguiendo la política de la 'pax romana' y adulando a los emperadores. Antes de Herodes, los romanos estaban distantes, pero no indiferentes ni ausentes a la política de la región de Israel. Herodes el Grande fue el primero en ser considerado "rey" de Judea por los romanos. En su gobierno, la presencia y la intromisión romanas en los asuntos de Israel se volvieron mucho más evidentes. Los judíos no aceptaron pacíficamente esta intromisión extranjera, negándose a prestar juramento a Augusto.

Según Flavio Josefo, fue Saturnino, gobernador de Siria entre el año 9 y 6 a.C., quien hizo el censo de Judea durante el cual nació Jesús. Esta información confirma la fecha del nacimiento de Jesús hasta el año 6 a.C.

La cuenta actual de los años de la 'era cristiana' parte del nacimiento de Jesús, según los cálculos hechos por el monje Dionisio el Pequeño, en el siglo VI. Éste se basó en Lucas para atribuir a Jesús 30 años exactos cuando empezó su ministerio público (Lc 3,23). El "decimoquinto año de Tiberio" (Lc 3, 1), según el calendario romano, corresponde al año 782/783. Así, descontando los 30 años que Jesús ya había vivido, tenemos el año 752/753, el cual fue considerado por Dionisio como el año uno, inicio de la era cristiana. Pero, en el año decimoquinto de Tiberió, Jesús ya debía tener al menos 33 años, tal vez incluso 37. Dionisio erró por poco, con un margen de tres a siete años, como lo demuestra la rebelión de los fariseos en el año 7 ó 6 d.C.

Para seguir la reflexión

• En el imperio romano las personas tenían dificultades: represión del ejército, tributos, corrupción política, asesinatos, religión manipulada, grandes construcciones.

• La pirámide y el imperio romano, ¿nos recuerdan hechos de nuestra sociedad actual?

Leer Lev 2, -7. José y María van a Belén a inscribirse en el censo, que era una exigencia del imperio romano para el cobro de los tributos.