sábado, 28 de febrero de 2009

ENTRE LA FE Y LA INCREDULIDAD: REINO DE JUDÁ


Este es el séptimo libro de la serie “visión global”, que hace parte de la colección “Biblia en comunidad”. Los tres bloques temáticos de este, hablan del reino del sur, de sus reyes y profetas, y de la formación de muchos libros bíblicos, que nacieron de la experiencia de fe en el Dios de la vida hecha por los profetas y sus seguidores.


“La religión manipulada al servicio de poder” estudia las instituciones del reino del sur: la ciudad de Jerusalén, el templo y el arca de la alianza, y muestra como los reyes y el pueblo estaban seguros de la prosperidad por que Dios estaba en medio de ellos. Esa seguridad apartó a muchos de la fidelidad a Dios, y la religión pasó a ser una simple fachada que acabó trayendo la corrupción y la desgracia.


El segundo tema, “en el descubrimiento de la palabra de Dios, la alegría de la vida nueva”, muestra cómo, detrás de muchos años de olvido de la alianza, de injusticias y desigualdades, el rey y el pueblo releyeron el libro de la Alianza que hacía mucho había sido olvidado en el templo. El impacto causado por la lectura llevó a una renovación a la sinceridad de la fe y se inició una transformación en el reino que, sin embargo, duró poco por causa de la muerte precoz del rey Josías.


“Dios asume como suya la palabra de aquellos que testimonian la alianza”, aborda el mensaje de los profetas del sur y la forma como cada uno de ellos leyó, a partir de la fe, el momento histórico en el cual el pueblo vivía. Los escritos de los profetas y el modo como ellos veían la realidad se torno palabra de vida, Palabra de Dios.


Con este libro experimentará el testimonio fascinante de los profetas y verá que es posible descubrir la comunicación transformadora de Dios mismo en medio de las contradicciones tanto en los tiempos bíblicos como del actual.


1. RELIGION MANIPULADA AL SEVICIO DEL PODER

En Judá, en Colombia, en brasil y en todos los países las instituciones, como el rey y el templo, el Estado y la religión, deben garantizar el bienestar del pueblo. Hay un compromiso ético que no puede ser olvidado por ninguna de las partes. Ambas instituciones están al servicio del proyecto de sociedad deseado por Dios, basado en la ética, la justicia y el bien común ¿hubo fidelidad a ese proyecto?


Retomando el camino hecho

En 931 a.C., las diez tribus del norte se sublevaron contra el régimen extremadamente opresor decretado por el hijo de Salomón, formando el reino de Israel. El dominio de la dinastía davídica se redujo al territorio de Judá y la parte de la antigua tribu de Benjamin, que le era Vecina. Ese reino, situado al sur, pasó a la historia con el nombre de Judá.


Ya vimos los motivos que llevaron a la división del reino de Salomón. Conviene recordar solamente este detalle: el cisma político fue causado por discrepancias sobre el sistema de gobierno. Las tribus del Norte, castigadas con los tributos en el régimen de Salomón, reivindicaron un sistema más igualitario y menos opresivo. La falta de experiencia de Roboam que anunció un gobierno más duro y rehusó atender las reivindicaciones del pueblo del Norte, provocó una revuelta y consolidó la residencia entre las dos regiones. Surgieron entonces los dos reinos.

Después del cisma político vino el cisma religioso: el norte organizó su propio sistema religioso inicialmente fiel al Señor, pero haciendo concesiones cada vez más peligrosas a influencia del baalismo, a punto de perder su identidad como religión de los padres de la fe.


En Judá, los grandes modelos que pasaron a centralizar el interés de los sureños fueron sus instituciones, su ciudad, su rey y su Templo. Ellos gozaban de una promesa divina de elección, estabilidad y permanencia para siempre. El Señor escogió Jerusalén para habitar, el rey para gobernar a su pueblo y el Templo para recibir culto. Esto daba mucha seguridad. Las instituciones de Judá significaban la garantía de asistencia del Señor. En cuanto permanecía unido a la ciudad, al rey y al Templo escogidos por el Señor, el pueblo sólo podía esperar paz y prosperidad, bendición y seguridad.


Exigencias éticas de la alianza “no sirve de nada intentar olvidarme”

La garantía de la asistencia divina tenía una condición básica: el seguimiento de los preceptos de la Alianza, los estatutos y decretos del Señor (1R 2,3-4; Dt 17,14-20). Éstos no contenían exigencias solamente cultuales, sino también fuertemente éticas (Dt 12-26). La Alianza era simbolizada por las tablas de piedra colocadas en el Arca, que reposaba solemnemente en el recinto mas sagrado del templo, “Santo de los Santos”. El arca de la Alianza era, por una parte, el recuerdo de la elección de Israel por el Señor, de su amor y protección, de su bendición, y por otra parte, el memorial de la exigencia de la fidelidad del pueblo al proyecto de sociedad deseado por el Señor. También el rey estaba sometido a esa exigencia. Ese proyecto de sociedad estaba expresado en las leyes dadas a Moisés, cuyo corazón eran los diez mandamientos y cuya exigencia de fidelidad se resumen en el Shemá (Dt 6 4-5)


Tal exigencia de fidelidad no se pierde en el anonimato de la masa o del conjunto de la sociedad. Es también personal, compromete al individuo y a la familia. Por eso, además del símbolo del Arca con las tablas de la Torah en el Templo, cada individuo tenía que llevar consigo un recuerdo particular de la ley de Dios. Algo que le recordarse siempre su compromiso con el Señor. Así lo da a entender el Shemá (Dt 6,6-9).


De ese modo no se podía olvidar. El pueblo no tenía disculpa para no ser fiel a la alianza. De la fidelidad de todos, por tanto, derivaba la garantía de la asistencia del Señor.


Pero, ¿fue eso lo que aconteció en Judá? Los sureños criticaron tanto las infidelidades de los norteños, sus idolatrías, sus reyes… pero, ¿en el sur la religión y los reyes fueron mejores? ¿Será que el reino de Judá podría presentarse como “el modelo de sociedad deseado por el Señor”? ¿Las instituciones del rey y el Templo sirvieron siempre fielmente al proyecto del Señor? No siempre la religión, caracterizada por el templo, fue una instancia crítica ante el Estado y sus compromisos éticos. ¿No sucede eso también en nuestro país?


¿Qué ocurrió de hecho?

- Desataron una monarquía como la de Salomón: corte y esclavos. Se dejaron seducir por la manera como Salomón había hecho gobierno: poder, fortalezas militares.

- El baalismo penetró en el reino de Judá por nexos matrimoniales de las hijas de los reyes baalistas del norte con reyes del sur (2 Re 8, 16-18. 25-27)

- Guerras fratricidas de Judá con el reino del norte. Estas guerras nacen por la necesidad de Judá de ampliar sus fronteras hacia el norte. (1 Re 14, 40; 15, 8.16)

- Cada uno de los reinos invitó a una potencia extranjera para que le ayudara. Israel recurrió a Damasco y Judá a Asiria (guerra Siro-Efrainita).

- En el reino de Judá se estableció la injusticia y la desigualdad social. Esta desigualdad de hecho originó violencia.


Vamos a ver en este estudio la historia del Sur, sus características y los personajes que marcaron su existencia: reyes, profetas y pueblo. Veremos también el material literario que surgió en el Sur, de gente culta y de gente simple del pueblo.


¿Cuál es la relación que existe entre la Iglesia y el Estado? ¿El gobierno manda en la Iglesia o la Iglesia manda en el Gobierno? ¿Cómo era antes la relación Iglesia-Estado? ¿Puede uno imaginarse en la Cristiandad, donde la Iglesia tiene control sobre los individuos y el Estado? ¿Qué podemos decir del Patronato? ¿Cómo funcionaba ese matrimonio Estado- Iglesia (esposo-esposa)? ¿Qué queda el Patronato?


El movimiento profético:

El distanciamiento de los ideales tribales es causa del surgimiento del profetismo clásico en Israel.


¿Qué es, pues, el fenómeno profético?

- Es una reacción de fe frente al cada vez más lejano ideal de Israel, a saber: una sociedad igualitaria, sin violencia.

- Es una conciencia divina que se desarrolló en procesos comunitarios frente a las conductas opuestas a los ideales de Israel por parte de la monarquía.

- Fue una llamada de atención a la corte para que fuera responsable de la fe de su comunidad. El profetismo abogó por corregir estructuralmente la monarquía para que ella se reimplantara el orden de cosas de Yahvé: igualdad, fraternidad y no-violencia.


La intención de los profetas

- Unidad nacional

- La hermandad: crear la conciencia de que la nación era como una sola parentela unida por vínculos de sangre (genealogías)

- La fe en Yahvé: Un Dios que busca a los hombres, que camina con ellos y que no tiene lugar cultural.

- La igualdad: en la familia todos son iguales y hermanos. El pueblo de Dios es una estructura social cuyo modelo es una familia igualitaria.


La monarquía estaba atentando contra la estructura del Pueblo de Dios y lo profetas buscan es la restauración de la justicia y el derecho. Justicia es la creación de una sociedad – familia de hermanos iguales y solidarios. Derecho es una institución que busca con sus medidas que la experiencia de Dios funcione, que sea exigible y concreto el Reino de Dios.


Por lo tanto profecía se encamina a purificar la institución del derecho porque en ella se está jugando la autenticidad de la vida do todo el pueblo como familia de Yahvé.

1 comentario:

vidalchu dijo...

Que la religión, así como la historia están manipuladas a conciencia, es algo que puedo asegurar y demostrar con pruebas al respecto.
Un curioso libro me ha permitido desvelar éste y otros enigmas bíblicos, que tenéis a disposición en www.lascosasdechurruca.com, que pone patas arriba hechos y lugares, por estar desubicados de los reales.
Espero os sirva de algo.
Un saludo. Vidal.